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Palestina - libros

Expulsión de los palestinos
El concepto de "transferencia" en el pensamiento polítio sionista 1882-1948
Por: Nur Masalha

 

Capítulo 6
Conclusión

Con la guerra de 1948, los sionistas lograron muchos de sus objetivos. Si no tenían un Estado judío homogéneo, al menos tenían uno en el cual la comunidad “no judía” se había reducido a una minoría manejable. La noción de transferencia o expulsión fue negada acaloradamente, y la evacuación de unos 730.000 palestinos no se atribuyó oficialmente a la culminación de la política sionista, sino a órdenes emitidas por los ejércitos árabes. Al parecer, se olvidaron los prolongados debates sobre la transferencia en la Agencia Judía y en otros organismos sionistas principales, donde en general el problema no era la moral sino la factibilidad, y donde los “liberales” se distinguían de los de “línea dura” (para emplear la terminología de hoy) según favorecieran la transferencia “voluntaria” o “compulsiva”. También se dejaron de lado los incansables preparativos, tales como los de Joseph Weitz y de las “comisiones de transferencia” dentro de la Agencia Judía, que apuntaban a producir la “milagrosa limpieza de la tierra”, que tuvo lugar en 1948.

Como hemos visto, la noción de la transferencia surgió casi al mismo tiempo que el sionismo político, con la esperanza de Herzl de “impulsar a la población pobre a atravesar la frontera”. El deseo de tener una tierra de Israel sin el obstáculo de una población nativa, fue una constante en el pensamiento sionista, pero se templó con una buena dosis de pragmatismo de parte del liderazgo sionista, e incluso a veces con un escepticismo considerable respecto de su viabilidad. La transferencia como una opción analizada seriamente crecía y menguaba, retrocediendo al trasfondo cuando la Yishuv se sentía vulnerable, o cuando otras prioridades dominaban la atención, y volvía al frente cuando la Yishuv recomponía su fortaleza o cuando los acontecimientos externos parecían favorecerla. Así, cuando las tempranas esperanzas de que la población nativa pronto “plegaría sus tiendas y se marcharía” dieron lugar a la conciencia del fuerte apego de los palestinos a la tierra, las conversaciones sobre la transferencia se redujeron a esfuerzos o referencias intermitentes casi espontáneos, del tipo de los balones de ensayo. No fue hasta mediados de la década de 1930 que el balance de poder en rápido cambio a favor de la Yishuv, gracias a la inmigración cada vez más acelerada, incitó a los líderes sionistas a examinar de manera activa, aunque con discreción, detallados proyectos de evacuación árabe. La mayor oleada de actividad se originó en la recomendación de la Comisión Real (Peel) –formulada en gran medida por instigación sionista, como hemos visto- de partición y transferencia compulsiva como solución para el problema palestino. Resulta significativo que la intensificada planificación y los análisis de la transferencia se vieran acompañados del “Gran Salto hacia adelante” de la Haganah en términos de fuerza militar y organización, y la creciente aunque en general tácita asociación entre transferencia y aptitud militar.

La evacuación de la gran mayoría de la población palestina en 1948 tuvo lugar con el trasfondo de la guerra y de las campañas militares; fue una época en la cual los israelíes, tal como Weitz exhortara a sus compatriotas, no desperdiciaron las oportunidades. El hecho de que no se hayan encontrado órdenes generales escritas que desembozadamente exigieran la expulsión masiva de la población árabe, se ha citado como una indicación de la ausencia de intención premeditada; del mismo modo, las incoherencias en la conducta de los diversos comandantes de campo se dan como prueba de que el éxodo derivó de las exigencias de la guerra. Sin embargo, el éxodo fue el resultado de la planificación concienzuda y de una visión inmutable: si el presente libro ha demostrado algo, es la tenacidad de una idea compartida, afirmada y reafirmada por casi 50 años en abrumadora reiteración. El éxodo no es otra cosa que el testimonio de la persistencia de una idea que, como una línea continua, se mantiene desde los primeros tiempos de la colonización sionista, hasta el presente.
Porque el concepto de transferencia no desapareció con la creación del Estado de Israel y la realización de una gran parte de los objetivos sionistas. La idea siguió filtrándose, impulsada por varios proyectos (varios de ellos auspiciados por el infatigable Weitz), que están más allá del alcance del presente libro. La idea se reavivó considerablemente desde la adquisición del resto de la Palestina del Mandato, con su población sólidamente palestina, durante la guerra de 1967. Más de 200.000 palestinos fueron impulsados o transportados a través del río Jordán al finalizar esa guerra, y de inmediato se presentaron ideas de transferencia. Por otra parte, mientras antes de la creación del Estado el asunto de la transferencia se discutía principalmente a puertas cerradas, en la privacidad de los más altos organismos, en años recientes se ha convertido en el patrimonio de publicaciones periódicas y de discursos políticos públicos. Así, importantes figuras del establishment político-militar israelí se han pronunciado abiertamente a favor de la expulsión masiva de los palestinos, en particular de los Territorios Ocupados. Ciertos políticos likudistas, incluidos miembros de la Knesset y ministros (Meir Cohen, Michael Dekel, Ariel Sharon) han criticado abiertamente la hipocresía de los políticos laboristas, lamentando su incapacidad de actuar de manera coherente con las políticas de Ben-Gurion de 1948 durante la confusión de la guerra 1967, ahorrándole así al país el “problema demográfico” árabe. Rehav’am Zeevi encabeza un partido que cuenta con dos escaños en la Knesset y cuya plataforma está dedicada a la expulsión masiva de los palestinos. La cuestión de la transferencia aparece a menudo en las encuestas de opinión pública, a veces en términos tales como “¿apoyaría usted la transferencia como medio para salvaguardar los valores democráticos de Israel?”. En algunas de esas encuestas, cerca del 50% de la población se ha mostrado favorable a la transferencia. La transferencia se ha convertido en un tema de debate permisible, si bien no enteramente respetable.

Sin duda, grandes segmentos del público israelí se oponen a la noción de transferencia, y critican a aquellos que apoyan tales ideas. Resulta tentador desestimar la reactivación de la idea de la transferencia como una solución aceptable del “problema árabe” como propia de los alocados desvaríos de los extremistas de derecha, pero es peligroso hacerlo, y conviene recordar que el concepto de transferencia está en el núcleo mismo del sionismo de la corriente principal. Según escribió Ben-Gurion en su diario el 12 de julio de 1937: “la transferencia compulsiva de los árabes de los valles del proyectado Estado judío… debemos perseverar en esta conclusión, del mismo modo en que nos aferramos a la Declaración Balfour, más aun, de la manera en que nos aferramos al sionismo”. Eso fue lo que se hizo. Es importante un mayor entendimiento de este antecedente hasta 1948 para evitar la reiteración de una historia trágica.

Publicación de la Editorial Canaán
para mayor información: www.editorialcanaan.com.ar


 
 
 
 

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